sábado, 24 de octubre de 2009

Al otro lado del telón de acero


Este es mi cuarto fin de semana al otro lado del telón de acero. Hace casi un mes que aterricé en el aeropuerto de Budapest y me puse rumbo a mi refugio eslovaco. Y apenas me parece que estoy en lo que un día fuera la Europa en la órbita del Kremlin. La globalización ha arrasado con todo y el capitalismo feroz es regla hoy en todas partes. Vivir en Stará L'ubovña o en Padova no es demasiado diferente: puedes comprar las mismas cosas, consumir los mismos productos culturales e imbuirte del mismo espíritu mercantilista. La única diferencia es que en Padova el transporte público funcionaba muy bien y aquí los autobuses son más bien tercermundistas y las conexiones pésimas. Pero al margen de eso, no mucho más. Las nuevas generaciones hablan inglés con la misma fluidez con la que sus padres hablaban ruso (aunque, claro, siempre hay excepciones). Y no hay sombra de la guerra fría, más allá de alguna plaquita conmemorativa.

Hace dos semanas estuve en Presov (ciudad bastante aburrida, por cierto). Estuvimos en una reunión de scouts en un seminario de la iglesia greco-católica (que aún tengo que averiguar qué es). Se trataba de hablar de Europa. Y escuché los mismos tópicos que uno puede escuchar en España: apertura de fronteras, moneda única, facilidades para viajar y blablabla. Ni una sola palabra de que el Parlamento europeo no pinta nada a la hora de decidir las cosas que realmente importan. Ni de la falta de democracia. Ni de la basura mercantilista y capitalista que es el tan traído Tratado Constitucional. Ni del peligroso ascenso de la derecha más recalcitrante. Nada de la inclusión en el grupo popular europeo de los neonazis letones. Nada de que Europa no es alternativa de nada. Ni de que es amiga de Estados terroristas como Israel.

Es como si la revolución nunca hubiera existido. Marx ha muerto cuando más de actualidad están sus ideas.

Y aquí estoy yo, al otro lado del telón de acero, con la misma sensación de derrota que en aquel. Preguntándome si es verdad eso de que otro mundo es posible o si ya es demasiado tarde para construir nada.

Parafraseando a Goya, el sueño del comunismo produce monstruos. O como diría Sabina, parafreaseando a su vez a Cohen: lo que iba a ser la mierda que ha sido.

Menos mal que siempre nos quedará Latinoamérica.

2 comentarios:

  1. I liked it ;)

    Fdo.: Jose, desde Bulgaria

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  2. Que esos paises esten cada vez más alejados del comunismo y su visión de Europa, va todo en uno.
    La Union europea es un "club selecto", que tiene sus cosas buenas, pero tambien sus cosas malas y vergonzosas.
    Estos paises van a tragar mucha mierda, perder su personalidad y estilo de vida, para poder beneficiarse de las "ayudas europeas", a coste de perder su identidad y sobretodo de que unos pocos aumenten su mercado.

    Y mucho tendra que cambiar todo, para que exista un minimo cambio...

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