lunes, 17 de mayo de 2010

Dando vueltas por Eslovaquia

En todo este tiempo con el blog abandonado, no he parado de dar vueltas por el país y de escribir, pero para otros espacios. Ahora, además, se me ha multiplicado el trabajo porque voy a empezar a escribir en eslovaco artículos para un periódico local. Claro está que mi eslovaco es bastante pobre, así que haré lo que pueda y probablemente tenga que dedicarle bastante tiempo. Pero me parece una oportunidad única, tanto para profundizar en el idioma como para moverme en el mundillo periodístico de Stará L’ubovña. Os mantendré al tanto. Mientras quiero hacer un resumen somero de mis viajes e impresiones por este pequeño gran país que cada día me gusta más. Como son muchas cosas y mi mente tiende a la dispersión, os haré un relato cronológico (soso, pero útil).
- Los Altos Tatras: se trata de una de las muchas cadenas montañosas de este país y uno de los parques nacionales. El principal centro turístico es Starý Smokovec y allí nos fuimos parte de los voluntarios que estamos en Eslovaquia para hacer uno de los cursos del programa. Fueron unos días intensos, mucho pensar, mucho intercambiar con los demás. La verdad es que en reuniones internacionales me siento en mi salsa. He encontrado una de mis almas gemelas en Letonia y hasta he hecho (o intentado) tiro con arco. Uno de los días fuimos de excursión. La mayoría de la parte baja de la montaña está pelada porque hace unos años el viento arrasó con todos los árboles, pero a medida que subes la vista es impresionante. Y aunque abajo haga buen tiempo, arriba puede incluso ¡nevar! Vimos unas cascadas preciosos, hablé francés, intercambié impresiones de lo divino y de lo humano con una budista de Lituania que me dijo que le encantaba hablar conmigo y hasta leí una carta de hace unos meses en la que me autodecía que no se puede ser perfecto (¿me lo creeré algún día?).
- Mi viaje a Italia se chafó. La nube islandesa me lo impidió. Aunque al menos estuve en Viena intentando llegar de alguna forma. Una adamuceña por las calles de Viena, de relato cómico, vaya. Menos mal que los austriacos hablan inglés y me pude defender.
- Como no hubo viaje a Italia, había que buscar alternativas. Así que nos fuimos a “Zlá diera” (literalmente “mal agujero”), una cueva en las inmediaciones de Presov. La cueva no era especialmente grande ni sorprendente, pero la guía era fantástica e hizo que aquello se convirtiera en una auténtica expedición. Recorrimos todos los recovecos y tengo que comunicaros que voy a ser madre, jajaja. No os asustéis. Mi eslovaco no es muy bueno. La guía estaba contando no sé qué de “fraier” (que es novio), le pregunté a mi compi (que es armenio y habla ruso, por lo que el eslovaco le resulta bastante fácil) y me dijo que era que encontrabas novio si metías el dedo en el agua. Yo, inocente de mí, lo metí y resulta que había una segunda parte que no me contó: eres madre al poco tiempo. Todo el mundo me miró e hizo mofa de mi desliz. Así que seré madre, qué remedio, jeje. Después estuvimos tumbados al solecito en lo alto de la montaña, viendo todo el valle y, por último, volvimos a Stará e hicimos un magnífico picnic a los pies del castillo. Genial.
- También estuvimos en el Kaštieľ Strážky. Un antiguo palacio de una familia noble con una colección de pintura interesante y unos jardines estupendos para pasear.
- La semana siguiente Mirka (mi profe de eslovaco), Kiko (su hermano) y yo nos fuimos otra vez de expedición. 5 horas andando. El paisaje de ensueño. Los Tatras nevados se veían al fondo y nosotras allí encima de un cerro tomando té. Al final conseguimos llegar al Jarabinsko prielom, que es una especie de río con sus cascaditas, la mar de fresquito y entretenido. Al intentar cruzar, me mojé, claro. Pero fue una pasada. Además, después fuimos a comer ¡pirohy!
- Al día siguiente, nos embarcamos en el coche de Mirka de nuevo, ella, Kiko, Yeghiazar (mi compi armenio) y yo. Destino: cerveny clastor. Es decir, nos fuimos a la frontera de Eslovaquia con Polonia (separada por un río) en la que hay otro de los Parques Nacionales eslovacos (la mar de mono), Pieniny. El camino de ida lo hicimos en el barco tradicional, que daba un poco de grima porque eran tres tablas mal unidas, y el de vuelta andando por entre el milagro de la naturaleza en primavera. Incluso bebimos agua del deshielo. Perfecto.
- El 5 de mayo visitamos Presov otra vez. Esta vez por cuestiones de trabajo. Se celebraba el día de Europa y teníamos que explicar nuestro proyecto. Pero diluvio y no hicimos nada. Eso sí, mi ejemplar de La Ilíada acabó destrozada y yo un poco triste. Presov me sigue pareciendo un lugar aburridísimo, jeje.
- El sábado 8 de mayo al fin hicimos la excursión que quería hacer desde que llegué: el Spišský hrad. Se trata del castillo más grande de Europa. Con motivo de la inauguración de la temporada de vacaciones, montaron un teatrillo con sus peleas entre caballeros, danza del vientre y demás. La pena fue que llovió y deslució un poco. Aunque a ratos, hubo un sol estupendo que nos permitió disfrutar de cada rincón del castillo. Estuvimos en las mazmorras, la capilla, en lo más alto de la más alta torre, disfrutamos de la comida tradicional en la cocina del castillo, tomamos té en el jardín y exploramos todo lo explorable.
- Y el domingo hicimos una excursión inolvidable. Volvimos a los Tatras, pero esta vez a una de las cuevas abiertas al público. Una hora y cuarto entre estalactitas, estalagmitas y un sinfín de lagos subterráneos que habían dado formas increíbles a los minerales. Estuvimos a 1005 metros sobre el nivel del mar, pero ¡bajo tierra! Una auténtica gozada. ¡Qué pena que no dejasen hacer fotos!
- El martes 11 de mayo tuvimos otra actividad relacionada con el Día de Europa en Poprad. Estuvimos en la estación todo el día hablando con chavales de unos 17 años sobre nuestro proyecto. Después, nos fuimos a dar una vuelta por Poprad. ¡Al fin salí de su estación! La verdad es que no es nada extraordinario, pero me gustó infinitamente más que Presov. Y tuvimos la suerte (en exclusiva) de que nos abrieran una capilla del siglo XIII decorada con frescos. No es que fuera nada extraordinario (después de la capilla Scrovegni o de los mosaicos de Ravenna dudo que decoración alguna pueda sorprenderme tanto), pero el simple hecho de estar allí era mágico en sí mismo.
- Y el domingo pasado fuimos a Vyzné Ruzbachy. Ya habíamos ido antes, pero esta vez fue diferente. Estuvimos una hora entre la piscina, la sauna finesa (a la que creo que no vuelvo), el agua mineral helada, la sauna turca con hierbas y el jacuzzi. Después té junto a una cascada y… visita a un lugar increíble. Aprovechando un tipo de piedra característico de la zona, se les ocurrió que podrían organizar un simposio internacional de escultura. Así que, ahí en mitad de la nada, junto a un antiguo hotel soviético abandonado, hay una explanada llena de esculturas de artistas de todo el mundo en conexión con la naturaleza. Arte a la intemperie, no sólo para mirar, sino también para tocar. La función primigenia de la escultura. Me encanta.

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