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domingo, 20 de junio de 2010

Resaca post-electoral

El sábado pasado hubo elecciones en Eslovaquia. De momento, el nuevo gobierno es todo un enigma, el actual Primer Ministro, Robert Fico, lo tiene un pelín complicado para gobernar.
http://www.lefigaro.fr/international/2010/06/13/01003-20100613ARTFIG00034-la-gauche-perd-le-controle-du-parlement-slovaque.php
http://tempsreel.nouvelobs.com/actualite/monde/20100613.OBS5438/slovaquie-robert-fico-charge-de-former-un-gouvernment.html
http://news.bbc.co.uk/2/hi/world/europe/10304535.stm

Con un poquito de retraso os dejo un poco de propaganda electoral.
Los carteles de cerca de casa:





Mi cartel favorito:

"La futura generación de electores" Libertad y Solidaridad. "Elegís sobre el futuro de vuestros hijos".

El partido de Robert Fico:

"Seguridad en los tiempos difíciles".


"Eslovaquia no se rompió ni en la crisis". En el recuadro pone: "Este año Eslovaquia va a tener el mayor ascenso económico de la Unión Europea". Nota mía: los eslovacos se quejan mucho de la situación económica, sin embargo, la tasa de paro es la mitad que la española.





Criticando a Fico:
Como decía los Eslovacos se quejan mucho de su situación económica, este cartel (anónimo que yo sepa) es una caricatura de Robert Fico y dice: "Tengo suficiente, ¿y vosotros?". Por favor, apreciad cómo juegan con el logo de Smer ("dirección" en eslovaco). Me encanta este cartel:


Este es de "Libertad y Solidaridad". Primero pone el lema de Smer (Seguridad en tiempos difíciles) y a continuación: porqué no queremos la actual coalición (Smer+HZDS+SNS)
- depredación de Eslovaquia.
- crecimiento del desempleo.
- a la zaga en educación y sanidad.
- injusticia y corrupción en el poder judicial.
- abuso de los fondos europeos.
- deterioro de las pensiones.
- decadencia moral.
- miedo de los ciudadanos al futuro.
- robar a las futuras generaciones.
- endeudamiento de Eslovaquia.
- camino griego para Eslovaquia.




La estrella política local:

"Trabajo para la región que amo".

Periódicos que son en realidad propaganda electoral:


¡Con autodefinido y todo!



Propaganda convencional:

"Somos camino para el este".


Algún comunista despitado.


Los conservadores


"Decir la verdad. Dar trabajo. Hacerlo bien"


¿Se puede ser más facha?:

"Eslovaquia en transmisión en directo"

- ¿Quién dicta la censura a los medios en Eslovaquia?
- Para que mañana no nos espantemos
- Para que nuestras fronteras sigan siendo nuestras fronteras.
- Para que detrás del vecino no esté el enemigo.
- Para que nuestras mujeres no tengan que llorar.
- Para que no se alimenten de ti los que no quieren trabajar (en alusión a las subvenciones por cada niño que da el Estado, los eslovacos siempre se quejan de que los gitanos tienen muchos niños para cobrar estas subvenciones y no trabajar).

- Eslovaquia no se da
- Para que no paguemos el bienestar de los extranjeros (en alusión al rescate de Grecia).
- Para tener una nación inteligente.
- Para que los eslovacos ganen.
- Para que nuestros niños tengan justicia.
Este partido obtuvo el 6.3% de los votos.

De regalo, como hoy se celebran elecciones en Polonia, os dejo una foto que hice el en mi país vecino y la encuesta del viernes:

jueves, 21 de enero de 2010

Una CCP izza, por favor

Siempre he sentido una animadversión extraña por las guías turísticas (me refiero a los libritos con el que todo tipo de extranjeros pasean por Santa Cruz, no a las simpáticas señoras que nos desvelan todos los secretos de los lugares que visitamos). La verdad es que siento animadversión en general por los turistas. Siempre haciéndose fotos, coleccionando lugares como el que colecciona cromos, quedándose en lo más superficial del asunto (cuatro estampas folclóricas y poco más) y buscando para comer el restaurante de su nacionalidad. Odio el provincianismo. Y el turista medio me parece bastante provinciano. Además odio que me digan lo que tengo que hacer, y las guías me parecen eso: vaya este sitio, visite este otro. Cuando a mí lo que me gusta es pasear y, de repente, toparme con un sitio maravilloso e inesperado.
De todas formas, ya conocen la máxima de “renovarse o morir”. Y a mí me gusta innovar.
En Italia descubrí otra cara de las guías. Mi querida compañera de habitación Carmen tenía una. Era una guía completísima y utilísima. Al principio me cerré en banda: guías, puag. Pero un día, “no sé cómo si sé con que pretexto” que diría Benedetti, me vi en un tren volviendo de ver los maravillosos mosaicos de Rabean, leyendo la guía. Las vueltas que da la vida. Y entonces reduje mi agresividad y mi radicalidad hacia las pobres guías. Podían ser un instrumento, pensé. Y ahí quedó la casa.
Al volver a casa (con casa me refiero a Eslovaquia, que es mi patria temporal), iba a hacer una paradita en Budapest, un día y poco para ver la capital húngara. En Roma, París, Londres y ciudades así todo el mundo sabe lo que hay que ver, pero ¿en Budapest? Como no tenía tiempo de investigar me hice con una guía. La verdad es que no tenía nada que ver con la guía de Italia, era justo el tipo de cosa que yo siempre había imaginado (a la par que odiado) que era una guía. Parecían instrucciones de mando. Pero era lo que había. No podía perder el tiempo. Así que un día entero paseando por Buda y Pest (la guía me enseñó que eran dos ciudades que acabaron siendo una cuando construyeron el primer puente –el puente de las cadenas- que las unía): el parlamento, iglesias varias, el edificio de la ópera, el barrio del Castillo de Buda, el bastión de los pescadores. Agotador. Pero hermosísimo, eso sí. Y al caer la tarde, cayeron mis energías también. Derrotada, me senté frente en un banco frente a una de esas iglesias con tejados con formas geométricas de distintos colores. Mi compañero de viaje abrió la guía y empezó a buscar un sitio para comer. Yo no le hice mucho caso porque estaba agotada. Hasta que masculló: “pizzería de temática comunista”. Ahí, ahí vamos empecé a gritarle con renovada fuerza. Bueno, vamos a ver otras opciones. Que no, que no, vamos ahí, que ya me ha entrado la curiosidad y vamos ahí. Pero mujer… Que no, venga vamos.
Y así emprendimos nuestro viaje a “Marxim”, la pizzería de “temática comunista”. La pizzería estaba en Buda, pero bastante alejada de la zona antigua. De hecho, creo que sin la guía y el mapa nunca la habríamos encontrado, estaba en una callejuela sin luz, aunque bastante cerca de un centro comercial gigantesco que no en vano se llama “Mamuth”.
Tiene que ser esto. La verdad es que no había mucho más donde escoger. En la puerta una estrella roja y las escaleritas que conducían a la pizzería. Llegamos y la primera impresión fue bastante buena. Los húngaros habían sabido sacarle buen partido a su pasado comunista y con mucho humor.
El sitio no era muy grande, pero estaba bien. Cada mesa estaba separada de la siguiente por una reja metálica que culminaba en alambres de espino. Las paredes estaban decoradas con los carteles propagandísticos más famosos de la URSS. Al entrar había una gran estrella roja con la cara de Lenin. Y en la entrada de los baños había una pintura de Lenin en calzoncillos. El camarero era un chavalillo joven, bastante guapo, muy en la línea “alternativa”. Como llegamos a eso de las seis, sólo había un grupo numeroso de amigos que charlaban animadamente y nosotros. Todas las mesas estaban reservadas, aunque afortunadamente para mucho más tarde.
Así que nos dedicamos a escoger nuestra pizza (el menú estaba en inglés y en húngaro). Los nombres de la carta eran geniales. Os hago una relación de los que a mí más me gustaron para que os hagáis una idea: Siberian dream (que llevaba nata, atún, queso de ajo y aceitunas), Preelection promises (con huevo, queso, jamón), Gulag pizza (queso, jamón, piña y maíz), CCP izza (el nombre de ésta me encanta), otra genial era la “Pizza a la brrr… ÁVO (Licenced by KGB)”, o la “Papa Marx’s favourite”, la “Happy pioneer” o la “Red Commisar”. La verdad es que todas eran geniales.
Al final pedimos una “Pizza a la Moscowskoje” (huevo, queso, salami, nata y especias) y una “Pizza a la Kremlin” (queso, carne con salsa boloñesa y trozos de tomate). Estaban bastante ricas (aunque no tuvieran nada que ver con las pizzas italianas). El lugar era bastante singular, la carta rebosaba humor y la comida era buena. Un sitio agradable para charlar y para tomarse a guasa hasta a uno mismo. Una gran experiencia, sin duda.
Aunque lo mejor, estaba por llegar. Al salir, había empezado a llover de manera considerable, una extraña niebla inundaba la calle mal iluminada, nosotros salíamos del restaurante y un señor (salido del Doctor Zhivago, por lo menos) con su barba larga y su vieja chaqueta soviética, caminaba solo y se dirigía a la pizzería, con aspecto de haber pertenecido a la intelligentsia y con cara de pocos amigos. Por unos segundos viajamos en el tiempo. Allí iba él a reencontrarse con la que había quedado de su pasado: el viejo camarada Lenin en calzoncillos pintada en una pared de una pizzería de Budapest.

sábado, 24 de octubre de 2009

Al otro lado del telón de acero


Este es mi cuarto fin de semana al otro lado del telón de acero. Hace casi un mes que aterricé en el aeropuerto de Budapest y me puse rumbo a mi refugio eslovaco. Y apenas me parece que estoy en lo que un día fuera la Europa en la órbita del Kremlin. La globalización ha arrasado con todo y el capitalismo feroz es regla hoy en todas partes. Vivir en Stará L'ubovña o en Padova no es demasiado diferente: puedes comprar las mismas cosas, consumir los mismos productos culturales e imbuirte del mismo espíritu mercantilista. La única diferencia es que en Padova el transporte público funcionaba muy bien y aquí los autobuses son más bien tercermundistas y las conexiones pésimas. Pero al margen de eso, no mucho más. Las nuevas generaciones hablan inglés con la misma fluidez con la que sus padres hablaban ruso (aunque, claro, siempre hay excepciones). Y no hay sombra de la guerra fría, más allá de alguna plaquita conmemorativa.

Hace dos semanas estuve en Presov (ciudad bastante aburrida, por cierto). Estuvimos en una reunión de scouts en un seminario de la iglesia greco-católica (que aún tengo que averiguar qué es). Se trataba de hablar de Europa. Y escuché los mismos tópicos que uno puede escuchar en España: apertura de fronteras, moneda única, facilidades para viajar y blablabla. Ni una sola palabra de que el Parlamento europeo no pinta nada a la hora de decidir las cosas que realmente importan. Ni de la falta de democracia. Ni de la basura mercantilista y capitalista que es el tan traído Tratado Constitucional. Ni del peligroso ascenso de la derecha más recalcitrante. Nada de la inclusión en el grupo popular europeo de los neonazis letones. Nada de que Europa no es alternativa de nada. Ni de que es amiga de Estados terroristas como Israel.

Es como si la revolución nunca hubiera existido. Marx ha muerto cuando más de actualidad están sus ideas.

Y aquí estoy yo, al otro lado del telón de acero, con la misma sensación de derrota que en aquel. Preguntándome si es verdad eso de que otro mundo es posible o si ya es demasiado tarde para construir nada.

Parafraseando a Goya, el sueño del comunismo produce monstruos. O como diría Sabina, parafreaseando a su vez a Cohen: lo que iba a ser la mierda que ha sido.

Menos mal que siempre nos quedará Latinoamérica.