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domingo, 19 de diciembre de 2010

He vuelto

Cuando escribo estas letras, estamos a 19 de diciembre de 2010. Pronto hará cuatro meses que he vuelto de Eslovaquia. En cuatro meses pasan infinidad de cosas y en especial el ritmo de estos cuatro ha sido frenético. Conseguí aprobar el carnet del coche, estuve en Rouen, en Alicante y en Roma (con un proyecto europeo para formar a jóvenes periodistas en el ámbito del periodismo científico), me hice un esguince, estuve a punto de irme a Argentina y, pese a todo, sigo en Sevilla bastante perdida, en paro y sin saber muy bien qué hacer.
En el curso que hicimos a la vuelta del voluntariado nos dijeron que pasarían meses (incluso años) hasta que comprendiéramos lo que había significado para nosotros el voluntariado. Creo que en Roma empezó mi propio proceso de entendimiento de lo que había supuesto Eslovaquia en mi vida y el balance es bastante positivo, aún cuando sigo sin saber si periodísticamente me sirve de algo. Lo seguiré pensando.
Esta semana he asistido a unas jornadas organizadas por la Consejería de Empleo, un despilfarro de recursos, a mi modo de parada de entender el mundo, pero interesante. Al menos las jornadas me han servido para darme cuenta de varias cosas: necesito un twitter y darle vida a mis blogs. La frase más repetida de la gente con la que me he cruzado ha sido: “no te desanimes, mujer”. Pero como le contaba a mi amiga Estefanía el otro día, creo que en enero dejaré de buscar trabajo en el ámbito intelectual y pondré los pies en el suelo.
Estos son tiempos de crisis, en todos los sentidos de la palabra. Yo, a titulo personal, necesito cambiar de paradigma, pero aún no he encontrado la forma. Se aceptan sugerencias.

martes, 24 de agosto de 2010

Posledne deñ

24 de agosto de 2010. Mi voluntariado acaba. Parece que ayer fue el 3 de octubre de 2009, es decir, el día que llegué. El tiempo se me ha pasado volando y ahora mismo creo que soy incapaz de hacer balance. Desde hace unas semanas vivo en un estado de nervios permamente que me dificulta pensar con claridad. A lo que se suma la fiesta de despedida de ayer que fue "katastrofa", como dicen por aquí.
El día ha amanecido gris. Quizás a Eslovaquia también le da pena mi partida. Ha sido un año intenso, además de bastante raro. En el camino he conocido a gente maravillosa que me han enseñado a ser fuerte incluso en la adversidad (espero poder seguir su ejemplo). He aprendido mucho y he pensado más.
Ahora llevo la maleta llena, pero dejo un poco de mi corazón aquí.
Lo dicho, el balance, cuando me recupere de la fiesta de ayer y de la desazón.

sábado, 21 de agosto de 2010

Blog amigo

Hola a todos:
Os dejo el enlace del recién estrenado blog del grupo gitano de baile de Krupina que tan fascinada me tiene.
http://romanojilo.blogspot.com/

viernes, 20 de agosto de 2010

El Rocío eslovaco

Esta historia inauguraba este blog, pero como de eso hace ya varios meses, os la recuerdo. La última habitante del castillo de Stará L'ubovña era una infanta española, hermanastra de la madre de Juan Carlos I. Os dejo el artículo:
http://historiasigloxx.suite101.net/article.cfm/el-rocio-eslovaco

lunes, 16 de agosto de 2010

El corazón gitano de Eslovaquia

En otras ocasiones os he hablado de los gitanos en Eslovaquia y del grupo de baile Romano Jilo. Os dejo un reportaje que he elaborado al respecto:
http://minoriasetnicas.suite101.net/article.cfm/el-corazon-gitano-de-eslovaquia

martes, 27 de julio de 2010

Campamentos de verano


Mi idea originaria cuando empecé este blog era llenarlo de reportajes “periodísticos” sobre Eslovaquia, con el tiempo la idea me desbordó y acabé haciendo un relato más o menos detallado y más o menos insulso de mi paso por este país en el corazón de Europa.
Hace tres semanas mi idea originaria era ir contando día por día mi experiencia con los niños. Al final, llegaba demasiado cansada como para poner en orden las impresiones del día y por la mañana no tenía fuerzas para levantarme y escribir.
Así que como una metáfora más de mi vida (la alegría de la idea originaria y en lo que queda; “lo que iba a ser, la mierda que ha sido” que diría Sabina) no he cumplido ni el objetivo primigenio del blog ni el secundario. Aún así me gustaría hacer un resumen de mi experiencia intensiva con los niños (y con los adultos).
El primer campamento empezó bien, con una excursión al campo muy interesante y tormenta de verano incluida. El segundo día teníamos que ir a un parque acuático con los niños, pero hacía mucho frío, así que lo cambiamos por un centro comercial (muy educativo) y como allí no había nada que hacer al final fuimos al parque acuático. Afortunadamente, ninguno se pilló un resfriado. El tercer día fue horrible: desorganización de los mayores y los niños insoportables. Pillé a una niña riéndose de mí y la verdad es que me sentí muy mal. Yo estaba poniendo todo mi empeño en hacer las cosas bien y no servía de nada. Racionalmente sabía que no me podía poner así por una niña de ocho años, pero mi baja autoestima no necesita mucho para hundirse. Afortunadamente, el último día decidí tomarme “menos en serio” el trabajo y me lo pasé mejor.
El segundo campamento empezó con mucho calor y siguió así toda la semana. El primer día montamos a caballo y jugamos al minigolf. El segundo día fuimos al zoo (nunca entenderé el placer de ver en cautividad a unos animales a los que la naturaleza hizo para correr libres). El tercero y el cuarto fuimos al parque acuático. Como había decidido tomarme el trabajo con más calma, incluso me lo pasé bien. La verdad es que mis largos ratos en el jacuzzi ayudaron, jeje. El viernes subimos al castillo a ver una obra de teatro. Era el típico cuento de princesas embrujadas, dragones y pretendientes que las rescatan, pero moviéndonos por las distintas estancias del castillo. No sé los niños, pero a mí me encantó. Después pizza, piscinita y a casa.
El último campamento empezó de manera desastrosa y esa fue su tónica. Hay gente que te parece la mar de responsable y cuando trabajas codo a codo con ellos descubres lo equivocada que estabas. El primer día fuimos a ver un museo de pintura. A mí me pareció interesantísimo, pero a los niños no les interesaba lo más mínimo y claro con el aburrimiento su comportamiento no fue precisamente ejemplar. Después fuimos a Kezmarok para el almuerzo y la segunda parte del día. El almuerzo no sólo no lo habían ordenado, sino que ni siquiera tenían idea de dónde comer. Niños para arriba, niños para abajo. Hambrientos y cansados. Al final, nos tomamos una hamburguesa del puesto más cutre de la ciudad, de pie, en la calle. Por si fuera poco, la segunda parte de la excursión era ¡ir al Tesco! ¡Vivan las actividades educativas! Educando en valores, sí señor. Pero lo más increíble de todo fue ¡que tampoco se sabían el camino! Al día siguiente teníamos una excursión al campo. Subir un poco, llegar a una explanada, jugar, almorzar y volver en bus. Sonaba bien, la verdad, pero se convirtió en una auténtica pesadilla. La monitora “responsable” se equivocó de camino y estuvimos dando vueltas por el bosque cuatro horas. Cuando por fin llegamos (reventados todos) al restaurante ¡no había comida! Al final, encontraron otro restaurante en el que me cobraron 5.35 euros por un filete de pollo minúsculo. Al día siguiente, el parque acuático; menos mal. El jueves estuvimos en el campamento histórico de la ciudad y en la piscina. Y el viernes, al fin acabó la pesadilla, en el parque acuático de nuevo.
En resumen, han sido tres semanas muy intensas y agotadoras en las que he redescubierto que mi sentido de la responsabilidad un día acabará conmigo. También me ha quedado claro que hay gente que le echa un morro increíble al asunto y se quitan de en medio en cuanto pueden, pero ésa es otra historia.

martes, 6 de julio de 2010

I Tábor. Día 1: Jarabinsko prielom


¡Ha llegado el verano! ¡Y con el verano, las vacaciones!
Bueno, en Eslovaquia, que ha llegado el verano no se nota mucho. A ratos llueve, a ratos hace sol y bastante calor (no como en Sevilla, claro), a ratos hace frío, a ratos creo que voy a volar con el viento que hace. Una locura, vaya. Pero que las vacaciones han llegado sí se nota. El bar está lleno entre semana, la gente no tiene prisa y han empezado los campamentos de verano en el Centro en el que trabajo. Bueno, lo de campamentos es un decir eslovaco, claro. Los padres sueltan a los niños a las 8, nosotros lidiamos con ellos hasta las 4 y a dormir con mamá.
Hoy ha sido el primer día. Los niños que van llegando. El papeleo. El típico padre rezagado. Y luego las dinámicas de presentación. Juego va, juego viene.
Como somos cuatro "adultos" (lo entrecomillo porque yo me siento más niña que los niños) pues hemos hecho cuatro grupos. A mí me han tocado 5 niños: dos peleándose entre ellos en plan broma, un culillo mal asiento, uno un poco más mayor y el niño marginado sin amigos. A este último ha habido un niño de otro grupo desde las 9 de la mañana yendo detrás de él para pegarle. La verdad es que el niño pegón me ha aguado un poco el día porque además de pegarle a este se ha dedicado a chinchar a las niñas y a hacerse el chulito conmigo. Pero bueno, omitamos este episodio.
La verdad es que los niños dan vida, pero te chupan toda la energía vital.
Hoy hemos ido de senderismo. Bus hasta el pueblo de al lado y montañita arriba y montañita abajo hasta llegar a un riachuelo cuyo margen conduce a una pequeña cascadita que se llama Jarabinsko prielom. No hemos tenido ningún percance y al volver ha habido tiempo de jugar en la hierba. Luego ha empezado la tormenta, pero estábamos a buen resguardo y comiendo salchichas. Más juegos. Y bus de vuelta. Y mañana más.

De lo divino...

Ayer fue fiesta nacional en Eslovaquia.

Una de las cosas que más me impactan de Eslovaquia es su profunda religiosidad. Especialmente, me impacta el número de creyentes y practicantes entre los jóvenes. Aunque, sin duda, la religión no tiene el mismo significado en Eslovaquia que en España.
La represión comunista en el ámbito religioso ha conseguido exactamente el efecto contrario. El fervor es asombroso. Un domingo cualquiera si pasas cerca de la iglesia (lo he comprobado aquí y también en Bratislava) la gente está fuera siguiendo la misa porque no hay sitio dentro. Es realmente asombroso.
En cierta medida, la rebeldía en los países del Este consiste en ser religioso.
Otra cosa que a una española de educación católica sorprende es el profundo respeto por las religiones ajenas. El catolicismo apostólico y romano es mayoritario, pero no es único. También hay ortodoxos y grecocatólicos. Si he entendido bien, los grecocatólicos eran una rama de los ortodoxos que acabó separandose de ésta e integrandose en la Iglesia Católica. Es decir, ahora son católicos, pero sus sacerdotes no tienen voto de castidad (no es que tengan una vida sexual libre -al menos, no en teoría, jeje- sino que se pueden casar). Hay familias en las que, por ejemplo, el padre es grecocatólico y la madre católica-romana; entonces el niño hace el bautizo en una iglesia y la comunión en otra. Todo bastante mezclado, intercalado y en perfecta armonía.

¿Y este rollo que tiene que ver con la fiesta nacional eslovaca?, os preguntaréis. Sed pacientes.

Allá por el mes de noviembre (el 17 si no me falla la memoria) se celebró la Revolución checoeslovaca (ésa por la que se libraron del yugo de Moscú). Sin embargo, me llamó la atención de que fue un día laborable y pasó sin pena ni gloria.
Ahí quedó la cosa.

El lunes (nadie nos avisó de que era fiesta) nos plantamos en el Centro para encontrarnos con la puerta cerrada. Cuando volvíamos del trabajo nos encontramos con un compañero de trabajo que, además de reírse de nosotras, nos dijo que era fiesta nacional. ¿Qué celebráis?, pregunté yo. San Cirilo y San Metodio, contesto él. Y mis ojos como platos no daban crédito al hecho de que la fiesta nacional eslovaca sea San Cirilo y San Metodio.

Cirilo y Metodio eran dos hermanos de Tesalónica que se dedicaron a evangelizar estas tierras. Es decir, la Fiesta Nacional eslovaca conmemora el momento en el que empezaron a ser cristianos. Hasta tal punto es trascendental la religión en este pequeño país al otro lado del telón de acero. Ver para creer, nunca mejor dicho.

... y de lo humano

La primera vez que oí hablar de Sekier, me fascinó. Una casa en mitad del campo eslovaco perteneciente a una ecovilla en la que la gente sólo consume alimentos que producen ellos mismos y cada uno aporta lo que sabe a la comunidad. Hornear el pan, trabajar la lana, ordeñar las cabras, cuidar el huerto o preparar la leña para el invierno son algunas de las tareas cotidianas de los habitantes de esta casa tan particular.
La primera vez que oí hablar de Sekier fue a través de los tres voluntarios europeos que viven allí este año y con los que coincidí en los cursos de formación. Y me dije: tengo que conocer aquello.
Así que este fin de semana, aprovechando su festival anual, decidí hacer una visita. Cuatro horas de coche, una tormenta brutal y diez minutos montaña arriba después, estaba allí.
La cosa prometía. Familias muy hippies con los niños descalzos. Campamento improvisado. Percusión. Instrumentos de viento africanos que no había visto nunca. Pintura. Fotografía. Té. Un cine en un establo (la mar de fresquito, por cierto). Vegetarianos de todos los tipos. Meditación. Baile. Tienda dedicada a las actividades para los niños. Las cabras. La pobre oveja marginada. Los cachorritos. La biblioteca en un pajar. La cocina de leña. El telar. La rueca. Todo el mundo descalzo. La luna creciente. Las canciones tradicionales a la luz de la lumbre. La noche al raso. La cosa prometía y fue estupenda.
Aunque no creo que me haga microbiótica (a este grupo de vegetarianos los he descubierto este finde), no creo que encuentre un estilo de vida más armonioso. Si en algún lado está la felicidad, seguro que se parece a Sekier.






martes, 29 de junio de 2010

Poniendo en valor

Poner en valor. Ésa era la expresión que utilizaba una gran amiga mía (una gran arqueóloga en proyecto, además) cuando hablábamos de patrimonio esta navidad. Me quedé pensando en esa expresión y en la sabiduría que encierra e incluso se la robé en una entrevista que me hicieron.

Estos días he vuelto a recordarla. Y es que me he dado cuenta de que los eslovacos, aunque probablemente no lo sepan, saben hacerlo perfectamente. Poner en valor.
El pueblo en el que yo vivo es pequeño (apenas 16.000 habitantes), aunque aquí sea algo así como una gran urbe. El pueblo en el que yo vivo en sí no es nada del otro mundo: bloques de pisos soviéticos horrorosos, megacasas cerca de chabolas, un par de iglesias de cada confesión (que a una española amante del barroco y que ha dedicado 3 meses de su vida a recorrer Italia de punta a punta no impresionan mucho, la verdad) y poco más. Sin embargo, le sacan un partido estupendo.

Lo que tiene más valor en el pueblo es el castillo (cuya última habitante está profundamente ligada a Sevilla, tal y como os conté recién inaugurado este espacio). El castillo de Stará L’ubovña es uno de los más bonitos que he visto en mi vida y el mejor conservado de todos los que he visitado. Desde arriba contempla al pueblo, majestuoso, como si el tiempo no hubiera pasado por él. Es realmente asombroso. Y, de noche, cuando está iluminado es un espectáculo digno de ver. Yo, dada como soy a imaginaciones inútiles, a menudo reconstruyo en mi mente cómo sería la vida de aquel castillo. Cierro los ojos y me traslado en el tiempo y paso horas inventando historias fantásticas.

Si este castillo estuviese en España, estoy segura de que estaría completamente abandonado. Hace algún tiempo hice la ruta de los castillos de los templarios en Extremadura por recomendación de una amiga. Me fascinaron a la vez que me asombró el que estuvieran totalmente dejados de la mano de Dios. Algún tiempo después, visité algunos castillos de la provincia de Toledo y exactamente igual.

Afortunadamente, esto no es España y aquí miman sus recursos como si se tratara de hijos. Así que si uno tiene un castillo, lo mejor es aprovecharlo.
Con la llegada del buen tiempo, los eslovacos están deseando salir a disfrutar de los pocos rayos de sol que hay (aunque cuando hay, pegan fuerte). Así que en las últimas semanas organizamos la gymkana en el bosque de la que os hablé en otra entrada y un concurso escolar en el castillo. En el concurso había que superar diversas pruebas (desde subir una colina cargado con cubos de agua hasta escalar a lo alto de una de las torres pasando por juegos típicos eslovacos) en las que ibas consiguiendo llaves. Evidentemente, ganaba el que más llaves consiguiese.
Disfruté como una enana (era la fotógrafa oficial del evento y me pasé todo el día dando vueltas por el castillo y hablando con la gente) y me pareció una idea magnífica el aprovechar de esa manera ese lugar tan especial. Además, en la entrega de premios me vestí de princesita y eso siempre alegra.




La semana pasada tuvo lugar una de las actividades más entretenidas de mi estancia aquí. Pivni-pochod se llamaba, algo así como beber-andar. El marco era incomparable: el parque nacional de Pieniny. Pieniny y el Cerveny Clastor están situados junto al río Dunaj que es el que marca la frontera con Polonia. La idea era simple y divertida: 8 kilómetros, por cada kilómetro una cerveza (una cerveza de las de aquí, entiéndase, es decir, medio litro). Una que es abstemia (o hace lo que puede por serlo) se bebió 7 kofolas (la hermana comunista de la Coca-cola) y 1 cerveza. Al llegar a la meta: gulas (una especie de guiso de patatas), concierto de música tradicional al aire libre, tómbola, conciertillo más bailongo y un concierto de jazz en el que la gente bailó muchísimo y que fue precioso. Así que allí estaba yo, Antonia Ceballos, en un parque natural eslovaco escuchando música folk (que me encanta) y pensando en lo del valor y en lo afortunada y feliz que era. Tan contenta estaba que pensé que sólo por disfrutar de aquel día merecía la pena haber acabado aquí (aunque no esté haciendo periodismo, con lo que me agobia, jeje).


Y este finde, ha sido el finde mágico. El viernes celebramos San Juan con un poquillo de retraso, pero a lo grande. La fiesta era en el “campamento histórico”, una recreación de un campamento militar medieval. Primero, una comedia de enredo divertidísima, muy bella y muy poética. Después, los actores le prendieron fuego a la hoguera de San Juan. En ella, quemé mentalmente todos los malos rollos (que han sido muchos) de los últimos tiempos.


A continuación, un espectáculo de Danza del vientre en el que acabé completamente enamorada de una de las bailarinas. Pero quedaba lo mejor: los juegos con el fuego. Al principio me resultó lo de siempre. Gente que se pasa el fuego por el cuerpo y se tortura con pinchos y cristales. Pero la cosa empezó a mejorar con otro poquito de Danza del Vientre con ¡velas en la cabeza! Y me terminó de conquistar con una pelea de espadas ¡con fuego! Fue lo más increíble que he visto en mucho tiempo.
Después, amigos, risas, intentos de andar con los palos esos tan típicos de aquí, cantos junto a la hoguera y un muy buen sabor de boca.


El sábado por la noche nos fuimos a lo alto de una colina desde la que se divisaba tooooda Stará Lubovña, Nova Luvobña y el maravilloso castillo. De nuevo, hoguerita, amigos, música, pero la noche me tenía reservado algo muy especial. En un punto, me dice un amigo: ven conmigo. Yo cogidita de su mano lo sigo, vienen también mis compis de piso y mi querida Mirka (a menudo pienso que todo esto vale la pena sólo por haber tenido la suerte de conocerla); no sé a dónde vamos. Llegamos a un árbol. Sube, me dice. Yo: ¿estás loco? Sube. Y subo (no sé decirle que no a un niño guapo). Por segunda vez en mi vida me subo a un árbol. Y él empieza a contar que se trata de un árbol mágico. Y yo empiezo a sentir que tiene razón. El silencio de la noche, seis personas subidas al mismo árbol, el castillo a lo lejos (aunque no se vea) y el viento soplando muy fuerte. Y ese viento en mi cara en aquel árbol mágico me recuerda que estoy misteriosa y milagrosamente viva. Me recuerda que soy libre y que puedo emplear mi libertad en lo que quiera. Me invita a seguir soñando y a renovar mis esperanzas. Y vuelvo a pensar que sólo por ese momento todo merece la pena.
Aquella noche pasé un frío espantoso y por la mañana me quemé la carita con el sol, pero no importa porque me sentí más viva que nunca.


(El árbol mágico es el de la derecha)

domingo, 20 de junio de 2010

Resaca post-electoral

El sábado pasado hubo elecciones en Eslovaquia. De momento, el nuevo gobierno es todo un enigma, el actual Primer Ministro, Robert Fico, lo tiene un pelín complicado para gobernar.
http://www.lefigaro.fr/international/2010/06/13/01003-20100613ARTFIG00034-la-gauche-perd-le-controle-du-parlement-slovaque.php
http://tempsreel.nouvelobs.com/actualite/monde/20100613.OBS5438/slovaquie-robert-fico-charge-de-former-un-gouvernment.html
http://news.bbc.co.uk/2/hi/world/europe/10304535.stm

Con un poquito de retraso os dejo un poco de propaganda electoral.
Los carteles de cerca de casa:





Mi cartel favorito:

"La futura generación de electores" Libertad y Solidaridad. "Elegís sobre el futuro de vuestros hijos".

El partido de Robert Fico:

"Seguridad en los tiempos difíciles".


"Eslovaquia no se rompió ni en la crisis". En el recuadro pone: "Este año Eslovaquia va a tener el mayor ascenso económico de la Unión Europea". Nota mía: los eslovacos se quejan mucho de la situación económica, sin embargo, la tasa de paro es la mitad que la española.





Criticando a Fico:
Como decía los Eslovacos se quejan mucho de su situación económica, este cartel (anónimo que yo sepa) es una caricatura de Robert Fico y dice: "Tengo suficiente, ¿y vosotros?". Por favor, apreciad cómo juegan con el logo de Smer ("dirección" en eslovaco). Me encanta este cartel:


Este es de "Libertad y Solidaridad". Primero pone el lema de Smer (Seguridad en tiempos difíciles) y a continuación: porqué no queremos la actual coalición (Smer+HZDS+SNS)
- depredación de Eslovaquia.
- crecimiento del desempleo.
- a la zaga en educación y sanidad.
- injusticia y corrupción en el poder judicial.
- abuso de los fondos europeos.
- deterioro de las pensiones.
- decadencia moral.
- miedo de los ciudadanos al futuro.
- robar a las futuras generaciones.
- endeudamiento de Eslovaquia.
- camino griego para Eslovaquia.




La estrella política local:

"Trabajo para la región que amo".

Periódicos que son en realidad propaganda electoral:


¡Con autodefinido y todo!



Propaganda convencional:

"Somos camino para el este".


Algún comunista despitado.


Los conservadores


"Decir la verdad. Dar trabajo. Hacerlo bien"


¿Se puede ser más facha?:

"Eslovaquia en transmisión en directo"

- ¿Quién dicta la censura a los medios en Eslovaquia?
- Para que mañana no nos espantemos
- Para que nuestras fronteras sigan siendo nuestras fronteras.
- Para que detrás del vecino no esté el enemigo.
- Para que nuestras mujeres no tengan que llorar.
- Para que no se alimenten de ti los que no quieren trabajar (en alusión a las subvenciones por cada niño que da el Estado, los eslovacos siempre se quejan de que los gitanos tienen muchos niños para cobrar estas subvenciones y no trabajar).

- Eslovaquia no se da
- Para que no paguemos el bienestar de los extranjeros (en alusión al rescate de Grecia).
- Para tener una nación inteligente.
- Para que los eslovacos ganen.
- Para que nuestros niños tengan justicia.
Este partido obtuvo el 6.3% de los votos.

De regalo, como hoy se celebran elecciones en Polonia, os dejo una foto que hice el en mi país vecino y la encuesta del viernes:

martes, 8 de junio de 2010

Después de la tormenta, ¿viene la calma?

Después de las inundaciones del viernes y de quedarnos aislados en casa y de no tener agua ni Internet durante dos días, parecía que todo volvía a la normalidad. El sábado la gente trabajó duro para reparar el estropicio. Por la tarde, ya podíamos cruzar sin tener que mojarnos los pies. Hacía un sol esplendoroso. El domingo también hizo un día estupendo, tanto que me puse manga corta sin llevar chaqueta. Ayer fue un bonito día: solecito, reunión, ejercicio y, por la noche, clases de español a la luz de una vela sentada en una terraza disfrutando del buen tiempo.
Hoy ha amanecido un día precioso. Muy cálido. La gente iba por la calle en pantalones cortos e incluso he visto a una chica que llevaba bikini. Parecía el día perfecto para nuestra gymkhana por el bosque. Todo ha empezado bien. Paseíto hasta el centro. Un poco de charla (me han regalado un abrigo precioso que además de encantarme me ha puesto muy contenta). Cargar las cosas en la furgoneta. Subir al castillo. Almuerzo en el restaurante que hay junto al castillo. Una sopa de ajo, son sus migas de pan y su queso de oveja, de entrante. Pollo picante de segundo. No puedo comer más. ¡Y a trabajar! Este es tu puesto. Tienes que controlar que los carteles estén en su sitio. Luego te escapas a hacer unas fotos.
Los niños que no vienen. Yo que busco un papel como loca. Lo encuentro y empiezo a darle forma a una de mis historias. Los primeros niños: tú (“aquí” en eslovaco). Mi historia. Algunas fotos. Y después…
El cielo se nubla y empieza a chispear. Uy, uy, uy, va a llover; pienso (como si hubiera hecho el descubrimiento del siglo). Así que decido ir a hacer fotos en los otros puntos del recorrido antes de que se desencadene la lluvia. Primero, me pierdo. Vuelvo sobre mis pasos y empiezo a ascender por entre un camino bastante enfangado y demasiado ascendente para mis kilos de más. Niños que corren. Alguna foto (no sé si alguna buena). Llego a otro punto de la gymkhana. La cosa iba de hacer nudos. Unas fotillos. Siguiente punto: orientación. Algunas fotos más (pésimas, el cielo se ha encapotado tanto que con esa luz no me sale nada). Chispea. Vuelvo al “refugio”. Y se desata la guerra, quiero decir, la tormenta.
Así que estoy yo, en mitad del bosque eslovaco, en medio de la tormenta más impresionante que he visto en mi vida. Al principio, bien. Al menos, no me ha pillado sola en medio de la nada, estoy con mi monitora, y tenemos un refugio. Lo divertido, nótese la ironía, es cuando llueve tan tan fuerte que el refugio no refugia nada y empieza a colarse el agua por todos los rincones. Y los rayos y los truenos son cada vez más intensos. Decido tomármelo con filosofía y disfrutar, aunque totalmente empapada, de lo hermoso de la lluvia y del olor del campo. Escampa un poco. Vamos hacia el refugio de los nudos, que era un poco mejor. El camino estaba empapado. Me llega el agua a media pierna. Unas risas, jiji, jaja. Escampa otro poco y nos dirigimos hacia el punto inicial de la gymkhana. Allí está la directora con el coche del Centro. Así que después de que me den mi zumito y mi dulce de jengibre por campeona, nos montamos en el coche y al fin llegamos a casa. ¡Qué maravilla estar sequita después de calarse hasta los huesos!

domingo, 6 de junio de 2010

Robert Fico: "Hungría exporta su peste negra"

Traducción de la entrevista a Robert Fico, Primer Ministro eslovaco, aparecida en Le Figaro.
http://www.lefigaro.fr/international/2010/06/03/01003-20100603ARTFIG00792-robert-fico-la-hongrie-exporte-sa-peste-brune.php

El Primer Ministro eslovaco hace partícipe de sus inquietudes a Le Figaro y opone las tradiciones "profundamente antifascistas" de Eslovaquia frente al extremismo del partido en el poder en Budapest.
Le Figaro: ¿Le preocupa la nueva ley húngara sobre la doble nacionalidad?
Robert FICO: Esta ley forma parte de la estrategia oficial del Fidesz (el partido en el poder en Hungría)que quiere volver a ser la Gran Hungría de antes de Trianon, es responsable no sólo de los diez millones de húngaros, sino de todos los húngaros de los países vecinos. Representa un riesgo para la seguridad de Eslovaquia. Imagine que millares de ciudadanos tomen la ciudadanía húngara: los hombres políticos húngaros se comportarían como si el sur de Eslovaquia fuera parte integrante de su territorio. El Primer Ministro, Viktor Orban, hace como si Eslovaquia no existiera. ¿Por qué ha escogido Polonia para su primera visita oficial? Justo para demostrar que Eslovaquia, situada entre Hungría y Polonia, no es un país, sino que Polonia es limítrofe con Hungría. Existe un conflicto de valores entre Eslovaquia, de tradiciones profundamente antifascistas, y ese país extremista que exporta su "peste negra". ¿Europa tolerará este revisionismo histórico?

En Eslovaquia más de 200.000 personas tienen dos nacionalidades. Eso nunca ha sido una amenaza. O quieren suprimir esa posibilidad...
La ley que hemos votado en respuesta al gobierno húngaro es de sentido común. Todo ciudadano eslovaco que pida otra ciudadanía, perderá automáticamente la primera. Esta ley entrará en vigor el 17 de julio, día de la soberanía eslovaca. Por supuesto, habrá excepciones. Con los checos, por ejemplo, estamos dispuestos a negociar.

¿Y con los húngaros?
Son ellos los que no quieren hablar. Pero no esperaremos a que muchos ciudadanos eslovacos pidan la nacionalidad húngara. No hay ninguna razón para hacerlo: ¡la situación económica es mucho mejor aquí!

Vuestra reciente ley sobre la lengua (que limita el uso del húngaro) no les ha gustado especialmente...
Esta ley está dirigida a proteger el eslovaco, no está dirigida contra los húngaros. Hay pueblos aquí en los que el alcalde es húngaro y en los paneles de anuncios del ayuntamiento todo está escrito en húngaro. Queremos que los eslovacos puedan leerlo. Estamos todavía en Eslovaquia, después de todo.

sábado, 5 de junio de 2010

Balada del que nunca fue a Bratislava.

Viajar suele ser una cosa fascinante. “Dinamiza la vida, el saber y la acción”, que diría Ibn Jaldún. Una aventura de la que siempre se aprende algo. Aunque a veces se puede convertir en una auténtica pesadilla.
Tengo que ir a Bratislava. En la embajada hay unos papeles que me urge firmar (una historia demasiado larga, demasiado intrincada y demasiado personal que no viene al caso). Así que después de varias idas y venidas concerté una cita para el miércoles. Llovía sin parar, pero yo tenía una cita en la embajada y mi alto sentido de la responsabilidad me impedía no acudir. Llegue a la estación, esperé a que abriesen la taquilla y entonces me dijeron que había habido un desprendimiento de tierra y que no había trenes, que a las 5 y media (de la mañana, me había levantado a las 3 y media) había un autobús. Comprobé que con el autobús no llegaba de ninguna de las maneras puntual a mi cita, así que me volví a casa y llamé a la embajada.
Me dieron una nueva cita para el viernes (es decir, para ayer). Mi despertador estaba programado a las 3 y media, pero a las 3 me despertó la fuerza inusitada de la tormenta. Llovía a mares, creo que nunca he usado esta expresión de manera más adecuada. Inútilmente albergué la esperanza de que para las 4 y media hubiera parado un poco, pero fue una esperanza vana. Cuando salí de casa, llovía de manera muy intensa y la calle estaba totalmente encharcada. Media hora después llegué a la estación totalmente empapada, incluidas las botas “anti-agua” que me había comprado al principio del invierno. Ya me secaré en el tren, pensé, es un camino largo. Cuando me acerqué a la taquilla de la estación, volví a recibir la misma información que dos días antes. Como, previendo esta eventualidad, había concertado la cita más tarde, me dirigí hacia el autobús. Cinco minutos después de la hora prevista y con inmensas dudas de si salir o no salir por parte de conductor y viajeros, el autobús salió. Cuando había recorrido 6 kilómetros o así, paró en seco, había algo que impedía la marcha, aunque no sé muy bien si era un accidente, un árbol o cualquier otra cosa. Policía, bomberos, una fila de coches impresionante. Cuando vi que no llegaba al tren y que si llegaba a Poprad tal vez no podría volver a Stará, me salí del bus y me fui andando. Más de una hora bajo una lluvia brutal, con altercados de todo tipo, camiones a punto de atropellarme incluidos. Intenté hacer autostop por primera vez en mi vida. Pese a mi aspecto lamentable, o tal vez debido a él, nadie me cogió. Se me rompió el paraguas, claro. Y cuando ya pensaba que nada podía ir peor, llegué a un punto en el que la carretera era un lago, pasó un autobús y el lago pasó de la carretera a mí en décimas de segundo. Continúe mi camino y media hora más tarde cuando bajaba las escaleras para cruzar el puente y estar seca y salva en casa, me encontré con esto:

Di una vuelta considerable y como estaba lo suficientemente empapada, crucé sin pensármelo a través de esto:

El resto del día lo pasé en casa, sin poder bajar y sin Internet. Vi “Don Erre que Erre” de mi querido Paco Martínez Soria, los tres documentales de la serie: “The Corporation. ¿Instituciones o psicópatas?” y otro documental aburridísimo sobre la bolsa, los fondos de inversión y demás. Yo sólo quería acabar aquel horrible día. Hoy, luce el sol (y el barro de la calle).

martes, 1 de junio de 2010

Underground

En otras ocasiones os he hablado de las condiciones en las que viven los gitanos en Eslovaquia. La situación es tan alarmante que Amnistía Internacional ha denunciado en varias ocasiones las condiciones en las que vive esta comunidad y las trabas que encuentran los niños para acceder a la educación formal (a menudo relegados a escuelas para niños con discapacidad). En España, al menos el flamenco es una vía de escape y millones de personas admiran a ilustres gitanos: Lola Flores o Camarón, son algunos ejemplos. Aquí ni siquiera tienen esa oportunidad.
La gente más normal y simpática de Eslovaquia se transforma cuando habla de los gitanos. El colega del bar, muy alternativo, de repente te dice que no son capaces de hacer nada, que no saben integrarse, etc. O descubres una mirada de asco y de desprecio en la señora superdulce con la que compartes multitud de complicidades. Yo, mea culpa, soy cobarde y callo lo que pienso de verdad.
Desde que llegué he querido acercarme a la comunidad gitana, saber cómo viven y cómo sienten ellos esta situación, pero no he sabido hacerlo. Miedos, prejuicios, no sé.
Pero en las últimas semanas he logrado un miniacercamiento que me ha hecho confirmar algunas intuiciones y aprender bastantes cosas.
En las últimas semanas, mi grupo de español de los miércoles ha sido inexistente, así que aprovechando mi tiempo libre me he colado en el “Roma club”, que es la única actividad que tiene mi centro para estos niños (que son muchos y andan bastante necesitados de cosas que los motiven). Los chavales estaban preparando un concurso (Roma Talent) de baile. Y os prometo que esos niños tienen un don. La música es algo innato en ellos. El ritmo, la improvisación. Absolutamente fascinante. Durante esas horas los he observado muchísimo y me he preguntado constantemente cómo sería ser un adolescente gitano en un medio tan hostil como este.
La adolescencia es un período muy difícil. No entiendes nada. No sabes nada y crees que lo sabes todo. Tu “yo” está en constante lucha con los “yos” ajenos. Y eso se tiene que multiplicar por mil cuando tu “yo” se inserta en una comunidad que la comunidad mayoritaria odia (o, si el verbo odiar os parece muy fuerte, desprecia). Durante esas semanas no podía dejar de mirar a esos chavales con fascinación, “y sin embargo se mueve”, que diría Galileo.
Hace un par de semanas hubo una muestra de baile en la casa de la cultura con grupos de diversas escuelas. Uno de los grupos del Roma Club también bailaba, pero les falló el CD. Yo, en esa situación, me habría puesto histérica y a llorar como una loca por lo mal que me sale todo. Ellos, hablaron con otro colega que andaba por allí, pusieron otra canción (cuyo ritmo no pegaba mucho con la coreografía que tenían preparada), hicieron lo que pudieron y bailaron con otros chavales que había por allí. Ese sentido de comunidad, de buscar soluciones, de improvisar ante las dificultades y de no achantarse por nada del mundo me pareció fascinante. Absolutamente grandioso y de un potencial estupendo, pero desgraciadamente desperdiciado.
Me fui a casa dándole vueltas a estas cosas, que aquí no puedo compartir con nadie porque la lógica del “ellos” y “nosotros” lo supera todo.
A la semana siguiente, tuvimos el Roma Talent. Fui miembro del jurado y disfruté como una enana.
Después de eso, el destino me llevó a Krupina. Teníamos una especie de día internacional, con voluntarios de distintos países. Por la tarde, cuando estábamos preparando nuestra cena internacional, llegó la directora del centro y nos invitó a ver bailar a un grupo de gitanos. Flipé. Fue algo prodigioso, una especie de revelación. De repente, me sentí protagonista en una peli de Kusturica.
Estos mismos chavales tenían una exhibición aquella misma tarde. Por supuesto, fui encantada. Mientras bailaban descubrí que uno de ellos tenía audífono. Dios, pensé, está sordo y mira cómo baila. Seguí disfrutando de aquella maravilla y me fijé en otro chaval: ¡también llevaba audífono! ¡Estos niños son geniales! ¿Cómo se puede tener ese sentido del ritmo estando sordo? Yo oigo perfectamente y no soy capaz ni de tocar las palmas.
Una vez más me quedé fascinada por las ganas de superarse de esta gente.
La noche la compartí con el profe de los niños (también gitano) y me contó que otro de los niños también está sordo, aunque no lleve audífono. No podía dar crédito.
Así que ahora preparo un reportaje sobre este grupo de baile tan estupendo. Ellos quieren ir a España. A mí me gustaría ayudarles, así que algo inventaré. Supongo que siempre hay alguien que conoce a alguien, etc.
De momento, os dejo un vídeo para que disfrutéis un poco de su arte.

lunes, 24 de mayo de 2010

Pirohy y circo

Sabido es por todos la fórmula romana para entretener al vulgo: "pan y circo". Siempre ha dado muy buenos resultados y se ha perpetuado hasta nuestros días, aunque el pan sea cada vez más escaso y el circo se llame ahora "fútbol".
Yo, agobiada por problemas mentales varios que no vienen al caso, he tenido mi propio fin de semana de circo y pirohy.
¿Hay algo más universal que el circo? Probablemente no. Y el viernes tuve ocasión de comprobarlo. El "Cirkus Toni" (de origen checo) nos esperaba a la salida de Stará L'ubovña y fuimos a su encuentro. De repente, dejé de estar en Eslovaquia para volver al Adamuz de mi infancia. Esas carpas viejas sobre el albero. La taquilla minúscula y un pelín cutre. Las sillas de plástico en primera línea y los bancos detrás para los niños con menos posibles. Todo era igual que en los circos de mi infancia. Incluso el espectáculo en sí.
La última vez que había ido al circo fue en Alicante, el verano que acabé la carrera, para ver Le Cirque du Soleil. Así que había olvidado la cutrez y el esfuerzo de supervivencia de los pequeños circos ambulantes.
No hubo nada de extraordinario, salvo el placer de recuperar algo perdido y el de sentirme en conexión con todos los niños que han tenido el privilegio de disfrutar de la magia del circo, aunque sea desde los bancos de detrás.

El sábado también fue un día mágico. A los pies del castillo organizaron una batalla medieval, dos ejércitos frente a frente y una dosis de realismo bastante grande (aún ahora me cuesta distinguir si la sangre era real o ficticia). La infantería, la caballería y la retaguardia dispuestas a dar lo mejor de sí en el combate.


Después de eso, nos introdujimos en lo que llaman el "campamento histórico", una recreación, imagino que fiel, de la vida en la edad media. Música tradicional, obras de teatro de temas caballerescos, demostraciones de espadachines. ¡Y pirohy! Los pirohy son una comida tradicional eslovaca (básicamente una especie de empanadillas de queso de oveja y patatas) a la que me he aficionado enormemente. Los pirohy son una de esas cosas que me hacen feliz y, aunque no debería comerlos, debido a mi grandioso tamaño, el sábado decidí dejar la dieta y comer pirohy en medio de aquella exaltación medieval.

El domingo día de piscina, sauna, agua helada con minerales y jacuzzi; zumo al solecito y museo de Stará. Tanta actividad frenética merecía un día de descanso.

lunes, 17 de mayo de 2010

Dando vueltas por Eslovaquia

En todo este tiempo con el blog abandonado, no he parado de dar vueltas por el país y de escribir, pero para otros espacios. Ahora, además, se me ha multiplicado el trabajo porque voy a empezar a escribir en eslovaco artículos para un periódico local. Claro está que mi eslovaco es bastante pobre, así que haré lo que pueda y probablemente tenga que dedicarle bastante tiempo. Pero me parece una oportunidad única, tanto para profundizar en el idioma como para moverme en el mundillo periodístico de Stará L’ubovña. Os mantendré al tanto. Mientras quiero hacer un resumen somero de mis viajes e impresiones por este pequeño gran país que cada día me gusta más. Como son muchas cosas y mi mente tiende a la dispersión, os haré un relato cronológico (soso, pero útil).
- Los Altos Tatras: se trata de una de las muchas cadenas montañosas de este país y uno de los parques nacionales. El principal centro turístico es Starý Smokovec y allí nos fuimos parte de los voluntarios que estamos en Eslovaquia para hacer uno de los cursos del programa. Fueron unos días intensos, mucho pensar, mucho intercambiar con los demás. La verdad es que en reuniones internacionales me siento en mi salsa. He encontrado una de mis almas gemelas en Letonia y hasta he hecho (o intentado) tiro con arco. Uno de los días fuimos de excursión. La mayoría de la parte baja de la montaña está pelada porque hace unos años el viento arrasó con todos los árboles, pero a medida que subes la vista es impresionante. Y aunque abajo haga buen tiempo, arriba puede incluso ¡nevar! Vimos unas cascadas preciosos, hablé francés, intercambié impresiones de lo divino y de lo humano con una budista de Lituania que me dijo que le encantaba hablar conmigo y hasta leí una carta de hace unos meses en la que me autodecía que no se puede ser perfecto (¿me lo creeré algún día?).
- Mi viaje a Italia se chafó. La nube islandesa me lo impidió. Aunque al menos estuve en Viena intentando llegar de alguna forma. Una adamuceña por las calles de Viena, de relato cómico, vaya. Menos mal que los austriacos hablan inglés y me pude defender.
- Como no hubo viaje a Italia, había que buscar alternativas. Así que nos fuimos a “Zlá diera” (literalmente “mal agujero”), una cueva en las inmediaciones de Presov. La cueva no era especialmente grande ni sorprendente, pero la guía era fantástica e hizo que aquello se convirtiera en una auténtica expedición. Recorrimos todos los recovecos y tengo que comunicaros que voy a ser madre, jajaja. No os asustéis. Mi eslovaco no es muy bueno. La guía estaba contando no sé qué de “fraier” (que es novio), le pregunté a mi compi (que es armenio y habla ruso, por lo que el eslovaco le resulta bastante fácil) y me dijo que era que encontrabas novio si metías el dedo en el agua. Yo, inocente de mí, lo metí y resulta que había una segunda parte que no me contó: eres madre al poco tiempo. Todo el mundo me miró e hizo mofa de mi desliz. Así que seré madre, qué remedio, jeje. Después estuvimos tumbados al solecito en lo alto de la montaña, viendo todo el valle y, por último, volvimos a Stará e hicimos un magnífico picnic a los pies del castillo. Genial.
- También estuvimos en el Kaštieľ Strážky. Un antiguo palacio de una familia noble con una colección de pintura interesante y unos jardines estupendos para pasear.
- La semana siguiente Mirka (mi profe de eslovaco), Kiko (su hermano) y yo nos fuimos otra vez de expedición. 5 horas andando. El paisaje de ensueño. Los Tatras nevados se veían al fondo y nosotras allí encima de un cerro tomando té. Al final conseguimos llegar al Jarabinsko prielom, que es una especie de río con sus cascaditas, la mar de fresquito y entretenido. Al intentar cruzar, me mojé, claro. Pero fue una pasada. Además, después fuimos a comer ¡pirohy!
- Al día siguiente, nos embarcamos en el coche de Mirka de nuevo, ella, Kiko, Yeghiazar (mi compi armenio) y yo. Destino: cerveny clastor. Es decir, nos fuimos a la frontera de Eslovaquia con Polonia (separada por un río) en la que hay otro de los Parques Nacionales eslovacos (la mar de mono), Pieniny. El camino de ida lo hicimos en el barco tradicional, que daba un poco de grima porque eran tres tablas mal unidas, y el de vuelta andando por entre el milagro de la naturaleza en primavera. Incluso bebimos agua del deshielo. Perfecto.
- El 5 de mayo visitamos Presov otra vez. Esta vez por cuestiones de trabajo. Se celebraba el día de Europa y teníamos que explicar nuestro proyecto. Pero diluvio y no hicimos nada. Eso sí, mi ejemplar de La Ilíada acabó destrozada y yo un poco triste. Presov me sigue pareciendo un lugar aburridísimo, jeje.
- El sábado 8 de mayo al fin hicimos la excursión que quería hacer desde que llegué: el Spišský hrad. Se trata del castillo más grande de Europa. Con motivo de la inauguración de la temporada de vacaciones, montaron un teatrillo con sus peleas entre caballeros, danza del vientre y demás. La pena fue que llovió y deslució un poco. Aunque a ratos, hubo un sol estupendo que nos permitió disfrutar de cada rincón del castillo. Estuvimos en las mazmorras, la capilla, en lo más alto de la más alta torre, disfrutamos de la comida tradicional en la cocina del castillo, tomamos té en el jardín y exploramos todo lo explorable.
- Y el domingo hicimos una excursión inolvidable. Volvimos a los Tatras, pero esta vez a una de las cuevas abiertas al público. Una hora y cuarto entre estalactitas, estalagmitas y un sinfín de lagos subterráneos que habían dado formas increíbles a los minerales. Estuvimos a 1005 metros sobre el nivel del mar, pero ¡bajo tierra! Una auténtica gozada. ¡Qué pena que no dejasen hacer fotos!
- El martes 11 de mayo tuvimos otra actividad relacionada con el Día de Europa en Poprad. Estuvimos en la estación todo el día hablando con chavales de unos 17 años sobre nuestro proyecto. Después, nos fuimos a dar una vuelta por Poprad. ¡Al fin salí de su estación! La verdad es que no es nada extraordinario, pero me gustó infinitamente más que Presov. Y tuvimos la suerte (en exclusiva) de que nos abrieran una capilla del siglo XIII decorada con frescos. No es que fuera nada extraordinario (después de la capilla Scrovegni o de los mosaicos de Ravenna dudo que decoración alguna pueda sorprenderme tanto), pero el simple hecho de estar allí era mágico en sí mismo.
- Y el domingo pasado fuimos a Vyzné Ruzbachy. Ya habíamos ido antes, pero esta vez fue diferente. Estuvimos una hora entre la piscina, la sauna finesa (a la que creo que no vuelvo), el agua mineral helada, la sauna turca con hierbas y el jacuzzi. Después té junto a una cascada y… visita a un lugar increíble. Aprovechando un tipo de piedra característico de la zona, se les ocurrió que podrían organizar un simposio internacional de escultura. Así que, ahí en mitad de la nada, junto a un antiguo hotel soviético abandonado, hay una explanada llena de esculturas de artistas de todo el mundo en conexión con la naturaleza. Arte a la intemperie, no sólo para mirar, sino también para tocar. La función primigenia de la escultura. Me encanta.