La verdad es que no sé si el equipo local se llama así, pero debe ser algo parecido. Sea como fuere, servidora ha estado en el corazón del mismo. Ella solita, mujer, más partidaria del mens que del corpore, rodeada de hombres, más partidarios del corpore que del mens. Me explico.
Todo empezó el día del teatro. La directora del centro en el que trabajo me dijo: “ty hovoris po francusky?” (¿hablas francés?) y yo: áno (sí). Ea, pues mañana te toca hacer de interprete con un futbolista camerunés que viene a Stará L’ubovña. Yuju, pensé. No por el futbolista, claro (años de sufrimiento en forma de clases de educación física hicieron mella en mí y odio cualquier cosa relacionada con el deporte; especialmente con el fútbol), sino por lo de hablar francés. Nunca sabré si a principios del XIX hubiera estado del lado de los franceses o, a lo Lola la Piconera, colaborando con la guerra de guerrillas; pero lo que sí es verdad es que adoro todo lo que tenga que ver con Francia. El idioma me parece bellísimo. La comida me vuelve loca. La idiosincrasia francesa (con sus revoluciones, sus comunas, sus mayos y sus huelgas) me encanta. De adolescente me enamoré de Simone de Beauvoir (ahí estaba la tía con 16 años leyendo El segundo sexo –al igual que a Marjane Satrapi me impresionaron las teorías de Beauvoir acerca de orinar de pie) y durante la carrera leí el “A puerta cerrada” de Sartre casi con admiración religiosa. Además de que si uno no conoce las letras de Brassens o los poemas de Baudelaire no sabe lo que es la poesía. Podría seguir eternamente porque hay millones de cosas de origen francés que me hacen ser inmensamente feliz; pero no es el tema que nos ocupa.
Decía que adoro el francés y la posibilidad de poder usar esta lengua siempre me pone muy contenta. A la mañana siguiente, me dice la jefa: nos vemos a las 3 y media en el centro para lo del futbolista camerunés. A las 3 menos diez me llaman: ¿dónde estás?, en casa, ¿y el futbolista?, y yo pensando: ¡si me habíais dicho a y media!, te recogen en un coche. Vístete corre que te corre. Baja. El coche que llega: ahoj, ahoj. Me monto en el coche. No sé muy bien ni dónde voy ni qué tengo que hacer. Vamos dirección a la estación de autobuses y pienso: no serán tan cutres de haber mandado al camerunés en autobús. Pero no. Resulta que tienen una residencia o algo parecido en frente de la estación. Me bajo. Se baja el camerunés de un Hyundai tapizadito y todo que conduce un tipo a lo Jesús Gil, pero no tan gordo. Vamos para dentro. Y allí estoy yo: que de eslovaco más bien poco y el francés sigue en mi cerebro, pero un pelín escondidillo. Total que empiezan todos a hablarme en eslovaco muy rápido, yo con la cara de qué me estáis contando. El camerunés que me mira. Yo que intento hablarle, pero me sale de todo menos francés. Qué tensión. Bajamos a los vestuarios: ¡me echan de allí! ¿Qué cojones hago yo aquí entonces? Suben, yo con ellos, ya no sé dónde puedo entrar ni dónde no. Las cuatro. A las cuatro y media hay entrenamiento (¡si al pobre no le ha dado tiempo ni de llegar!). Empiezan a llegar los futbolistas. Vámonos para el vestuario. Môzem? (¿Puedo?). Áno. Y allí estoy yo.
El vestuario del club de fútbol local. La mitad del equipo, el entrenador (un tipo con cara de pocos amigos), el gerente (con una cara de topito amigable muy graciosa), el dueño del equipo (el tipo del Hyundai a lo Jesús Gil, pero en menos gordo), el camerunés y yo. Siguen hablándome como si yo llevara en Eslovaquia toda la vida. Yo sigo mirando con cara mitad de estupefacción, mitad de estrés. Testosterona por doquier. Dos mundos que se odian juntos. Todo para al final darme cuenta de que he sido más bien poco útil y de que el mundo puramente masculino me produce una mezcla de miedo, pena y rabia. También pienso que el mundo puramente femenino y el puramente masculino están destinados a no entenderse.
El equipo se marcha a entrenar. Y yo vuelvo al centro. Doy una clase de inglés. Vuelvo a casa. Hablo con mis compañeros. Me pongo a trabajar un poco en un artículo. Y recuerdo la anécdota con un poco de desazón. Estar fuera de juego es lo que tiene.
Un trocito de mí, de las cosas que me gustan, las que me inquietan, de los sitios a los que me lleva la vida y de lo que creo que todo el mundo debería conocer.
Mostrando entradas con la etiqueta idiomas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta idiomas. Mostrar todas las entradas
sábado, 16 de enero de 2010
lunes, 9 de noviembre de 2009
Ale, preco?
6 de la tarde. Clase de eslovaco con la nueva profesora. Una taza de té caliente por delante. Y el tema del día: el colegio. En gramática estudiamos el acusativo y en vocabulario nos toca aprender los nombres de las asignaturas, las partes del colegio, etc. Ejercicio práctico: horario de clase, mirarlo y decir qué día de la semana hay que estudiar cada asignatura. Pero: ¿qué es esto? Como mi conocimiento de eslovaco aún es bastante limitado, no sé si estoy entendiendo bien, lo releo, sí, no puede ser otra cosa, pero no puede ser. Tercera lectura y expresión en voz alta de mis dudas: telesná výchova chlapci is “physical education for boys” and telesná výchova dievcatá is “physical education for girls”? Áno, es la respuesta (que, aunque en español suene un tanto obsceno, en eslovaco significa sí). Really? La profesora me mira con cara de “claro”. Y yo abro los ojos como platos: “Ale, preco?” (pero, ¿por qué?). You know, we were a soviet country. Pero allí está mi armenio: “in Armenia we do physical education together, both girls and boys”. “Also in Turkey”, responde mi turca. Luego, si en Armenia hacen gimnasia juntos, el problema no es soviético. Hum. Esto hay que investigarlo. De repente, un chaval que estaba por allí dice: sí, mi madre es pedagoga y es por las características físicas. No tienen las mismas capacidades físicas y no pueden hacer las mismas cosas. Me pongo a pensar y años de suplicio gimnástico pasan ante mí. Eso es evidente, pero en España tenemos que hacer las mismas cosas, sólo cambia la marca a conseguir. ¿Jugáis al fútbol juntos?, me pregunta. ¡Claro!, respondo yo, ¿qué pregunta es ésa? Seguimos con el eslovaco y me voy a casa muy pensativa.
Me pongo a buscar en Internet cosas acerca del sistema educativo eslovaco. Pero no encuentro nada que satisfaga mi pregunta. ¿Por qué hacen gimnasia separados? Así que no tengo respuesta que ofrecer. Pero sí un descubrimiento mucho más grave, que traspasa la mera anécdota y entra de lleno en el terreno de los derechos humanos.
Como mujer, aún no he decidido si hacer gimnasia separados es o no discriminación. Pero, como persona, me preocupan mucho más los numerosos informes de Amnistía Internacional denunciando la segregación de la población romaní.
Cuando estaba en España, pensaba que mi trabajo aquí sería fundamentalmente con niños gitanos. Primero, porque son un número importante de la población. Y segundo, porque es un colectivo con riesgo potencial de ser segregado. Cuando llegué aquí me encontré con que ninguno de mis alumnos era gitano, pese a que muchos de ellos pululaban por el centro. Supuse que no estaban interesados en el español y no le di más vueltas. Pero hoy, intentando descifrar el enigma de la gimnasia he descubierto que, pese a que el Instituto Estatal de Pedagogía (organismo estatal que coordina a los centros educativos y elabora los curriculos) dice que el analfabetismo se sitúa en un 0.05% (datos de 2006) y pese a que el Informe Pisa sitúe a Eslovaquia entre el puesto 20-21 (también datos de 2006), los alumnos romaníes son sistemáticamente enviados a colegios diseñados para alumnos con discapacidades mentales, sin pruebas previas ni consentimiento paterno. El círculo de marginación se perpetúa así hasta el infinito. La educación en Eslovaquia es obligatoria y los gitanos acceden a ella, pero en desigualdad de condiciones, segregados y con niveles educativos peores que no le permiten acceder a la educación superior ni a un trabajo digno.
Sigo sin entender por qué los niños y las niñas no pueden correr juntos a la misma hora y en el mismo espacio. Pero, al fin he comprendido porqué no tengo alumnos gitanos en la clase de español. Aunque no sé qué hacer con ese conocimiento. ¿Alguna sugerencia?
http://www.amnesty.org/es/news-and-updates/report/slovak-education-system-fails-romani-children-20071114
http://www.amnesty.org/es/appeals-for-action/slovakia-urged-end-segregation-romani-children-special-school-pavlovce-nad-uhom
Me pongo a buscar en Internet cosas acerca del sistema educativo eslovaco. Pero no encuentro nada que satisfaga mi pregunta. ¿Por qué hacen gimnasia separados? Así que no tengo respuesta que ofrecer. Pero sí un descubrimiento mucho más grave, que traspasa la mera anécdota y entra de lleno en el terreno de los derechos humanos.
Como mujer, aún no he decidido si hacer gimnasia separados es o no discriminación. Pero, como persona, me preocupan mucho más los numerosos informes de Amnistía Internacional denunciando la segregación de la población romaní.
Cuando estaba en España, pensaba que mi trabajo aquí sería fundamentalmente con niños gitanos. Primero, porque son un número importante de la población. Y segundo, porque es un colectivo con riesgo potencial de ser segregado. Cuando llegué aquí me encontré con que ninguno de mis alumnos era gitano, pese a que muchos de ellos pululaban por el centro. Supuse que no estaban interesados en el español y no le di más vueltas. Pero hoy, intentando descifrar el enigma de la gimnasia he descubierto que, pese a que el Instituto Estatal de Pedagogía (organismo estatal que coordina a los centros educativos y elabora los curriculos) dice que el analfabetismo se sitúa en un 0.05% (datos de 2006) y pese a que el Informe Pisa sitúe a Eslovaquia entre el puesto 20-21 (también datos de 2006), los alumnos romaníes son sistemáticamente enviados a colegios diseñados para alumnos con discapacidades mentales, sin pruebas previas ni consentimiento paterno. El círculo de marginación se perpetúa así hasta el infinito. La educación en Eslovaquia es obligatoria y los gitanos acceden a ella, pero en desigualdad de condiciones, segregados y con niveles educativos peores que no le permiten acceder a la educación superior ni a un trabajo digno.
Sigo sin entender por qué los niños y las niñas no pueden correr juntos a la misma hora y en el mismo espacio. Pero, al fin he comprendido porqué no tengo alumnos gitanos en la clase de español. Aunque no sé qué hacer con ese conocimiento. ¿Alguna sugerencia?
http://www.amnesty.org/es/news-and-updates/report/slovak-education-system-fails-romani-children-20071114
http://www.amnesty.org/es/appeals-for-action/slovakia-urged-end-segregation-romani-children-special-school-pavlovce-nad-uhom
Suscribirse a:
Entradas (Atom)